Miles Davis el gran músico de jazz, tiene un pensamiento sobre el silencio : "el Silencio es el ruido más fuerte, quizá el más fuerte de todos los ruidos."
En la vida diaria de cada uno de nosotros hay tantas distracciones, que uno a veces puede perder la orientación de por donde camina su vida. Esta semana me retiro al silencio al interior y al exterior. Necesito remar mar a dentro. Os recordaré en mis oraciones y pensamientos.
En esta noche de diciembre me siento diferente. Hoy he pasado el día en la compañía de un pequeño grupo. En la sencillez, el frío que hacía por fuera y el calor que llevábamos dentro. Para nosotros hoy empieza el adviento, un tiempo especial de esperanza entre tanto ruido y luz bonita pero vacía por dentro.
Hemos orado y compartido. Silencio, lágrimas, alegrías y tristezas. Una nueva manera de mirar a la vida. " Alguien " nos ha creado y dado una vida que es maravillosa. En la alegría y en el dolor estamos unidos: " venid a mi los que estáis cansados y agobiados".
Como hacer que las cruces de la vida, se transformen en oportunidades para crecer, e ir caminando en busca de la luz, hacia el que lo es todo para nosotros.
He recordado y orado, a muchas personas. Algunas que hoy y mañana cumplen años, especialmente. Las he acariciado desde el cariño mutuo que nos une.
Y a ratos como telón de fondo me venía esta pieza instrumental y espiritual de Van Morrison, titulada September Night. Pertenece a su expléndido cd, Inarticulate Speech Of The Heart. Por algunos muy criticado, para mi ( y más gente) una joya en la que algunas piezas instrumentales te elevan a lo sublime. Hoy cambio el titulo a la canción y en medio de una semana muy movida, donde he vivido un poco de todo, escucho ahora esta místico paisaje sonoro: December Night, noche de diciembre.
Tanto sentimiento junto a veces se vuelca en música, con esos coros y esos gemidos, suspiros o lamentos que ponen poesía y voz a tanto amor y gratitud por la vida, aún en momentos bien difíciles.
Un canto a la esperanza. Abre tu corazón. Se acerca la liberación. Escucha el silencio, sus latidos. En la noche de diciembre. Os quiero.
La semana ha sido de mucho movimiento.
Mi corazón está cansado.
Hoy necesito silencio.
El silencio puede ser muy ruidoso a veces.
Solamente deseo recordar rostros.
Contemplarte.
Sentado en la terraza viendo los colores de la noche,
el día languidece
y los minutos desfilan perezosamente por mi mente.
Ya no tengo prisa,
no tengo que estar con nadie más que conmigo mismo,
colores unidos hacia la libertad.
Por un instante el tiempo se detiene y todo se transforma.
La ciudad se muestra lejana y excitante,
invita, llama y seduce
pero estoy demasiado agotado para inmutarme ante la nada y sus destellos.
Entre el jardín y el silencio,
los recuerdos se agolpan desordenados.
Cascadas de nervio adormecido e ilusión,
cuanto más se relaja el cuerpo, más rapido se atropellan las sensaciones.